Las ciudades patriarcales

Fotografía: Kim Morla

Fotografía: Kim Morla

Escribe Patricia Alata

La inequidad en las ciudades se expresa de muchas formas, una de las más arraigadas es la ciudad patriarcal. No es una inequidad solo en las ciudades, sino de las ciudades; es decir, de cómo está configurado su funcionamiento y desarrollo. Históricamente, los espacios de toma de decisión han estado principalmente reservados a hombres y, hasta la fecha, las decisiones siguen partiendo desde ellos, donde este privilegio ha sido normalizado, principalmente en entornos donde la representación es la forma de gobierno. ¿Cómo atender las necesidades a un grupo que no está representado?

En Lima y Callao, de 50 autoridades locales, sólo 2 son mujeres: apenas el 4% de las autoridades máximas en las ciudades que concentran la mayor cantidad de recursos y oportunidades para quienes las habitan han podido romper con la tradición de que las decisiones las toman los hombres. Estas cifras son solo una pequeña muestra de la poca participación y visibilización de las mujeres en la gestión urbana. Ingenieros, arquitectos, policías, diseñadores, planificadores, ellos, principalmente hombres, han sido los que han venido creando e implementando las soluciones que buscan atender las necesidades de quienes vivimos en ciudades. Sin embargo, estas soluciones no llegan a atendernos por completo cuando un grupo –o grupos- se queda fuera.

Una parte importante de la violencia diaria que reciben las mujeres se da en el espacio público. No solo se trata del acoso sexual callejero o la delincuencia: la ciudad misma las agrede por la forma en que se ha diseñado y brinda sus servicios. ¿Qué tan común es esperar a las mujeres que conocemos en los paraderos para que lleguen seguras, lo que condiciona su libertad? ¿Cuántas veces ellas han tenido que gastar más en transporte al tener que tomar taxis seguros al volver de noche a casa (e incluso de día)? ¿Cuánto tiempo más demora su viaje en hora punta al tener que esperar en los paraderos a aquel bus en el que no tenga que ir tan apretada y no la toquen? ¿Cuántas niñas han renunciado a su derecho al juego en las calles? ¿Cuántas veces han tenido que dejar un trabajo u horario de estudios porque implica volver muy de noche a casa por calles oscuras y peligrosas? Y en términos de la poca adaptación ante los fenómenos actuales y futuros, ¿cuántas resultarán afectadas ante la pérdida de sus viviendas, al tener el rol de cuidadoras y amas de casa? ¿Cuántas no tienen la opción de vivir en lugares seguros al haberse visto limitadas en su acceso a educación y trabajo?

Si bien la mala calidad del transporte público, de las calles y la inseguridad son problemas que afectan a todos quienes vivimos en ciudades, no afectan a todos por igual. Las decisiones y soluciones han sido dadas no solo principalmente por hombres, sino por hombres blancos y con un nivel socioeconómico medio o alto. Lima se ha diseñado pensando en las necesidades de un grupo homogéneo, cuando la diversidad en la población es una de sus características. Así, la ausencia de una variedad de miradas ha determinado que las soluciones respondan a unos pocos. Si bien los privilegios que cada persona posee no siempre pueden ser rechazados, sí es importante reconocerlos para identificar

La presencia de mujeres en los espacios de toma de decisión en las ciudades no es una condición que asegurará en su totalidad que las medidas que se tomen sean las mejores y más inclusivas; sin embargo, la ausencia de mujeres definitivamente lleva a que estas decisiones dejen de lado las necesidades de una gran parte de la población. La equidad de género no puede verse solo como un tema de violencia bajo los términos tradicionales, sino de una violencia que limita el desarrollo y, por lo tanto, la calidad de vida. Las mujeres, así como otros grupos vulnerables y minorías, requieren de ciudades adaptadas a sus necesidades y, para ello, necesitan construirlas en conjunto.